El Derecho a Dividir a la Humanidad

Youseff Derikha

3/27/20262 min read

El único que tiene derecho a establecer la división ética, pactual y última de la humanidad entre quienes están con Él y quienes están contra Él, es Dios nuestro Señor. Él es el único que puede establecer una división ética entre los hombres. Solo Él escudriña el corazón, solo Él define infaliblemente el bien y el mal, y solo Él puede exigir del hombre una lealtad absoluta e incondicional. “El que no es conmigo, contra mí es” (Mt. 12:30; cf. Lc. 11:23). Esa línea de separación pertenece a Cristo, y cualquier hombre o institución humana que la reclame se convierte en un ídolo, en un anticristo.

De modo que ningún hombre, iglesia, estado, partido, nación, institución o facción tiene derecho a colocarse en el lugar de Dios y exigir de los hombres una adhesión total como si disentir de ellos fuese disentir de Dios mismo. Toda autoridad humana es derivada, delegada, limitada y responsable ante la ley de Dios (Rom. 13:1–4). Los hombres pueden y deben juzgar externamente conforme a la Palabra de Dios en las esferas que Dios ha creado y ordenado, pero no tienen derecho a absolutizarse, ni a presentarse como el criterio supremo de verdad, justicia y fidelidad.

Solo Dios posee soberanía absoluta; solo Dios puede reclamar obediencia absoluta. “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch. 5:29). Cuando una institución humana exige una lealtad que pertenece solo al Señor, deja de actuar ministerialmente y comienza a actuar como un ídolo, como un anticristo. En ese momento, ya no sirve a Dios sino que compite contra Él.

Es más, si aquella institución que más arraigo tiene en nuestro corazón (la familia) llegase a exigir esa lealtad y obediencia que solo pertenece a Dios, Cristo nos dice: "Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo." (Lc. 14:26).

Esto no niega que existan juicios humanos legítimos y subordinados a la ley de Dios; niega que cualquier autoridad creada pueda absolutizarse.