El Estado como Depredador

Un Análisis Crítico de su Origen y Mantenimiento del Poder

SOCIOLOGÍACOSMOVISIÓN

Youseff Derikha

1/4/20266 min read

La visión libertaria analiza la acción del estado desde una perspectiva de la ética principalmente y de la economía en segundo lugar. Se considera que el estado no es un instrumento neutral o potencialmente beneficioso, sino como una entidad inherentemente predadora. Esta perspectiva se fundamenta en la ya vieja tradición sociológica de que el estado nace de la conquista, la dominación y el saqueo, y que, en pos de mantener su legitimidad, recurre a la manipulación constante de la sociedad.

El Origen Violento del Estado

La teoría predatoria del estado nos dice que el poder político y las primeras formaciones políticas organizadas surgen de la violencia, la conquista, la guerra, el saqueo, etc. Esta visión se remonta a pensadores como Ibn Khaldun en el siglo XV y Fray Alonso de Castrillo en el siglo XVI, según nos enseña Miguel Anxo Bastos.

Los sociólogos que trataron el origen de los estados coinciden en que la violencia, la conquista y la guerra jugaron un papel determinante en la configuración de las primeras jefaturas y de los imperios primitivos.

Por ejemplo, el antropólogo Robert Carneiro[1] asocia el origen del estado con el encapsulamiento de poblaciones en territorios, como en valles, donde es posible someterlas a coacción y tributos. Los grupos de parentesco o clanes, en lugares abiertos, podían fácilmente dispersarse, lo que explica la dispersión del poblamiento humano. Sin embargo, en territorios cerrados, la coacción y el sometimiento fueron más factibles.

Como Henri Frankfort[2] nos relata en su clásico libro Reyes y Dioses, los imperios antiguos, como el egipcio, asirio, babilónico, romano, chino y mongol, expandieron su dominio a través del uso despiadado de la violencia y el terror. Estos imperios buscaban aumentar sus riquezas y su poder, satisfaciendo el ego de los gobernantes, ya que parte del consumo humano está orientado a satisfacer necesidades psíquicas como el sentimiento de dominio.

Mecanismos de Legitimación y Mantenimiento del Poder

El estado, para asegurar la obediencia, no solo emplea la violencia y la coerción, sino también métodos más sutiles, económicos y eficientes, tales como el uso de un lenguaje paternalista para justificar políticas fiscales.

La legitimidad del estado se construye a través de su capacidad para convencer a la población de la validez, conveniencia y necesidad de su dominio. Sin esta legitimidad, la resistencia al pago de tributos y a la obediencia sería mucho mayor.

El estado moderno se diferencia de los imperios y formas políticas patrimoniales en que el sujeto de obediencia no es una persona, sino un ente abstracto, como la idea de nación o república. Esta abstracción incrementa el poder de los dominantes de facto, aunque con el correlato de que ya no es una propiedad sino una administración “racional”.

La capacidad del estado para disponer de las rentas, propiedades e incluso de las vidas de los gobernados se incrementa, justificándose bajo la excusa del interés común, la justicia social o el bienestar del colectivo.

El estado se presenta como un ente orgánico, un cuerpo místico, al que se atribuyen metáforas biológicas de crecimiento y desarrollo. Todas estas metáforas son necesarias para alimentar el imaginario colectivo, y darle apariencia de existencia.

Tecnologías sociales, como la cartografía y el uso selectivo de la historia, se utilizan para construir la idea de estado y generar lealtad hacia esa idea. La historia se explica a los niños de forma selectiva, siempre con la intención de crear consciencia estatal.

El estado se sirve de símbolos sacralizados, similares a los religiosos, para promover el culto y la lealtad, tales como banderas, himnos nacionales, escudos, lugares sagrados, edificios, etc. Así mismo, el estado, al igual que los antiguos imperios, recurre a la creación de mitos y leyendas sobre sus gobernantes para reforzar su legitimidad.

El Estado como Monopolio de la Violencia y la Defensa

El estado reclama un monopolio legítimo de la violencia, justificando su existencia como protección contra agresiones internas y externas. Una descripción operativa del estado es aquella propuesta por Jesús Huerta de Soto, quien describe al estado como violencia institucional y sistemática. Institucional porque se ha legitimado y establecido como norma, y sistemática porque hay seguridad de que se llevará a cabo la violencia en tiempo, forma y lugar determinado por quienes controlan al estado.

Sin embargo, esta reclamación se enfrenta a desafíos como el terrorismo y el crimen organizado, que desbordan las pautas tradicionales de gestión de la violencia estatal. Además de nunca haber logrado eliminar la violencia ilegítima y asistemática. Y hoy en día, se tiene la sensación de un creciente aumento de esta.

Lo anterior es de suma importancia, pues si el estado muestra ser incapaz de afrontar estos nuevos desafíos, lo que puede llegar a deslegitimar su propio poder, mostrando su incapacidad para mantener el monopolio de la violencia. La violencia ejercida por grupos externos se utiliza como argumento para justificar la existencia del estado como protector, perpetuando la necesidad percibida de la institución estatal.

Sin embargo, vemos la especial capacidad de adaptación que posee el estado. Si bien en su momento el fundamento de su legitimidad ha sido la seguridad, en nuestros días el fundamento de su legitimidad ha ido cambiando hacia otras áreas tales como la redistribución de riqueza, la justicia social, la educación entre otras áreas. Ya cada vez es menos importante la seguridad, creciendo en importancia esas áreas ya mencionadas.

No quiero decir que el estado no pierda legitimidad al no poder controlar el crimen y la violencia no sistemática. Pero la pérdida de legitimidad por no controlar esto, es menor hoy, ya que las expectativas se concentran más en la posibilidad de que el estado extraiga rentas de unos para favorecer a otros.

Crítica Anarcocapitalista al Estado

Desde una perspectiva cristiana y anarcocapitalista, el estado es considerado un ente inmoral y agresor que, incluso si fuese dirigido por gente buena de corazón, sería siempre coercitivo e inmoral. Esta visión se opone a la idea de que el estado puede ser beneficioso si está bien diseñado o de si tiene un supuesto tamaño adecuado. El mal, por más pequeño que se haga, sigue siendo mal. Y ningún objetivo o meta que se busque puede justificar ejercer violencia sobre un tercero.

El estado no es necesario para resolver problemas sociales como la defensa, la justicia o cosas como el tráfico vehicular. Existen soluciones que no requieren el uso o la amenaza de la violencia; soluciones como las que ofrece el mercado o los acuerdos libres y voluntarios.

El estado se ve como un aparato técnico que utiliza la razón de estado para sus propios fines, calculando la relación entre medios y fines e imponiendo su orden jurídico.

La idea de estado es una que promueve un espacio cerrado artificialmente que divide a las naciones y promueve el nacionalismo estatal, el cual se fundamenta en la violencia: en administrar violencia. No se puede esperar otra cosa más que violencia como fruto de esta creencia.

El estado de bienestar, que es la forma en la que el estado ha mutado en la actualidad para adaptarse, es una forma eficaz de dominio que, bajo la apariencia de progreso moral, ético y de justicia social (términos presentados de forma ambigua, con significado abierto), limita la libertad individual favoreciendo el control estatal, la extracción de rentas y el castigo de aquellos que no quieran someterse a su control y dominación.

Como cristiano, y anarcocapitalista por convicción cristiana, es mi privilegio la investigación y el cuestionamiento de estas convenciones sociales, del imaginario estatal en mi sociedad. Mi labor busca mostrar que existen soluciones no violentas a los posibles problemas sociales. La cooperación y la caridad no deben ser impuestas por falsas leyes. Los impuestos no son caridad, sino un robo bajo amenaza de violencia.

La teoría predatoria del estado revela que el estado no es una institución neutral, sino un actor (los políticos) con intereses propios que busca expandir su poder a través de la violencia, la manipulación y la construcción de narrativas que legitimen su existencia. La búsqueda de soluciones en la sociedad, a través de los mercados y la autoorganización, se debe presentar y enseñar como una alternativa al modelo estatal, promoviendo la libertad y la responsabilidad individual. En lugar de un estado como protector, señor y salvador, queremos mostrar que existe una alternativa: un modelo donde la sociedad, el mercado, asuma el rol de proveedor de servicios seguridad voluntarios y servicio de bienestar. Pero para ello, se necesitan de personas responsables, de dominio, que amen la libertad ¿Es usted una persona con estas características?

[1] Carneiro, R. L. (1970). A Theory of the Origin of the State. Science 169 (3947): 733-738

[2] Frankfort, Henri, Reyes y Dioses, Alianza Editorial, 1998, Madrid.