La Cadena del Ser

fundamento de la tiranía y el estado

COSMOVISIÓN

Youseff Derikha

1/6/20266 min read

La historia de la humanidad es, en gran medida, la historia de las falsas religiones y filosofías que han intentado subvertir la verdad de Dios. Entre estas falsas filosofías se encuentra la doctrina de la cadena del ser, una idea de origen pagano que ha sido utilizada para justificar el dominio de unos hombres sobre los muchos, sostener el estatismo (la idea misma del estado) y pervertir la verdadera jerarquía ontológica establecida por Dios en su Palabra.

El Origen y la Naturaleza de la Cadena del Ser

La doctrina de la cadena del ser tiene sus raíces en el pensamiento pagano, y encontró en el platonismo y el aristotelismo (y sus posteriores desarrollos) una estructura robusta, donde la realidad es concebida como una gran escala de existencia. En esta visión, Dios se encuentra en la cúspide, seguido de ángeles, hombres, animales, plantas y materia inerte. Dentro de la humanidad misma, algunos hombres son considerados más “elevados” que otros, lo cual justifica y fundamenta sistemas de castas, jerarquías sociales y tiranías estatales.

Este concepto se infiltró en la teología medieval, amalgamándose con la enseñanza escolástica y reforzando la estructura feudal y jerárquica de la época. La cadena del ser representó la excusa legitimadora de reyes y clérigos para reclamar el derecho divino de gobernar y mandar sobre los "inferiores", distorsionando la enseñanza bíblica de que solo Dios es el Señor y que todos los hombres son iguales en cuanto a su naturaleza y responsabilidad delante de Él.

La Distorsión de la Soberanía de Dios

El problema fundamental con la cadena del ser es que difumina la distinción entre Creador y criatura. En la Escritura, Dios es trascendente y absolutamente distinto de su creación (Gén. 1:1). No hay una continuidad ontológica entre Dios y el hombre; Dios no es simplemente el "ser supremo" en una escala de existencia, sino que es el Ser absoluto, inmutable y autosuficiente; totalmente otro

Las Escrituras establecen que la relación entre Dios y el hombre no es de grados de ser, sino de pacto, y un pacto soberano, unilateral, impuesto por Dios al hombre. El hombre no se mueve hacia Dios ascendiendo por una jerarquía de ser, sino que es llamado a la obediencia bajo el gobierno de Dios por medio de Su ley.

Esta es la diferencia entre una cosmovisión pagana y una cristiana: el paganismo ve la divinidad como algo en lo que se puede participar gradualmente, mientras que el cristianismo reconoce a Dios como el Señor absoluto ante quien el hombre, creatura, es responsable moralmente ante Él.

El paganismo ve que el hombre, en cuanto ser humano, es inferior e indigno (al estar en un escalón bajo de la cadena del ser), por lo que aspira a trascender su humanidad y alcanzar la divinidad (“evolucionar” diría el hombre moderno). El pensamiento cristiano establece que la gloria del hombre es Dios y su realización y bienaventuranza es ser su humanidad creada a imagen de Dios.

La Jerarquía del Hombre sobre el Hombre

La sociedad que se construye sobre el falso fundamento de la cadena del ser, ineludiblemente conducirá a la creación de estructuras jerárquicas que promueven, permiten y legitiman la dominación de unos hombres sobre los muchos. Si algunos hombres son considerados más cercanos a lo divino por su posición en la jerarquía del ser, entonces se abre la puerta a la esclavitud, al sistema de castas, a las clases sociales, el racismo y el totalitarismo, ya que quienes poseen mayor jerarquía (están en un escalón por encima) tienen derecho (por su jerarquía ontológica) de mando y dominio sobre quienes estén por debajo de su jerarquía.

El ejercito es la ilustración perfecta de esta implicación de la cadena del ser. El general (Cima de la jerarquía) representa un nivel superior de autoridad y casi del "ser". Sus órdenes no deben ser cuestionadas, pues su posición implica un conocimiento y una capacidad que los subordinados no poseen. Todos los que estén por debajo de él deben obedecer sin cuestionamiento. Pero esta jerarquía no actúa solo en este punto, por debajo del general se encuentra el coronel, quien también tiene derecho de mandar y asegurar que los que están debajo de la cadena obedezcan los mandatos. Y así, pasando por el capitán, el sargento hasta el soldado raso, quien no tiene ninguna capacidad de mando, pero tiene la obligación de obedecer todo mandato que provenga de arriba.

La Escritura nos enseña que el único soberano es Dios, y que toda autoridad humana es delegada y limitada. Jesús mismo dejó en claro las implicaciones de suponer la cadena del ser en cualquier sociedad pagana. Nuestro Señor dijo,

"Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor" (Mateo 20:25-26).

Notemos que Cristo contrasta la cosmovisión pagana, que se fundamenta en la doctrina de la cadena del ser, con la estructura bíblica de gobierno, rechazando cualquier noción de superioridad ontológica entre los hombres en el reino de Cristo. No hay una clase de personas con más “ser” (más elevados en la cadena del ser) que otras. Todos los seres humanos son cien por ciento humanos, y no importa qué hagan ni cuánto lo intenten, nunca trascenderán su humanidad; siempre serán humanos creados a imagen de Dios. Los gobernantes no son de una esencia superior a los gobernados; ellos son simples siervos de Dios y están sujetos a Su pacto y ley tanto como cualquier otro hombre.

La Cadena del Ser y el Estatismo

El estatismo es la manifestación política más clara de la cadena del ser. En la medida en que los hombres creen que existen diferencias de ser entre los humanos, aceptan la idea de que algunos están destinados a gobernar mientras otros deben ser gobernados.

En el pensamiento humanista antiguo y moderno, la idea de la cadena del ser persiste en la visión evolucionista de la sociedad, donde algunos hombres son considerados más avanzados que otros en términos de raza, conocimiento, civilización o desarrollo. Esta visión ha justificado regímenes totalitarios, donde una élite política o intelectual se ve a sí misma como más apta para dirigir la sociedad que las masas "inferiores". Esto es lo que fundamenta al estado de Estados Unidos su deseo de “ordenar” el mundo, llevando la guerra a todo rincón del planeta.

El estatismo asume que el estado es el ente más elevado en la jerarquía del ser (y así es como lo concibió Hegel), y que su voz es la voz de la autoridad última. Así como en la cosmovisión de los siglos XVII y XVIII, donde el rey era visto como una extensión de la divinidad en la tierra, en el pensamiento moderno el estado ha usurpado esa posición. Pero la Escritura nos dice que solo Dios es el legislador y juez supremo (Isa. 33:22).

Volviendo a la Autoridad de Dios

El rechazo de la cadena del ser es esencial para restaurar una sociedad verdaderamente cristiana. No hay una progresión ontológica entre Dios y el hombre, ni entre diferentes hombres. No hay justificación alguna para el dominio de unos sobre otros. Dios nuestro Señor estableció un orden en el que los hombres, cuando gobiernan, lo hacen en virtud de su servicio y valor probados. Se trata de gobierno y autoridad dado por Dios (en Sus términos y condiciones) para el servicio y bien del prójimo; un gobierno delegado por Dios y limitada por su ley. En este sentido, los gobernadores no tienen dominio sobre los demás, sino que son servidores de Dios para dar a conocer la verdad, justicia, ley y misericordia de Dios.

La única jerarquía legítima es la de Creador/creatura; Dios, el Creador absoluto, y la creatura. Y la creatura (en específico, el hombre) está llamada al servicio y la obediencia a Dios. El hombre no asciende a Dios, sino que es llamado a someterse a Él en todas las áreas de la vida, y quienes mejor lo hacen, son los aspirantes para gobernar, sirviendo a su (y no sirviéndose de) prójimo. Es solo a través de la restauración del gobierno de Dios sobre los corazones y las naciones que la tiranía del hombre sobre el hombre será finalmente erradicada.

"Porque el SEÑOR es nuestro juez, el SEÑOR es nuestro legislador, el SEÑOR es nuestro rey; él mismo nos salvará" (Isaías 33:22).