La Distinción Creador/Creatura como Fundamento de la Realidad

Sin comprender la distinción Creador/creatura, estamos destinados a caer en las trampas del pensamiento pagano, el cual siempre busca divinizar la creación (sea el hombre, la naturaleza o el estado).

Youseff Derikha

1/15/20267 min read

La crisis del hombre actual no es meramente política, económica o cultural; es, en su raíz, una crisis teológica y ontológica. El humanismo, en todas sus variantes, desde el estatismo marxista hasta el libertarismo ateo, comparte un error común: la presuposición de la continuidad del ser. Creen que el universo, el hombre y lo que sea que llamen "dios" existen en un mismo plano de realidad, gobernados por leyes abstractas comunes, lo que implica que tanto Dios como el hombre están sujetos a un Destino o una Necesidad superior a ambos. Esta visión reduce a Dios a ser simplemente un aspecto más grande del universo, sujeto a las mismas contingencias que el hombre.

Contra esta mentira pagana, que inevitablemente conduce al caos o a la tiranía, se levanta la majestuosa declaración de las Escrituras: "En el principio creó Dios..." (Génesis 1:1). Aquí yace la doctrina más esencial de la fe cristiana y la única barrera contra la tiranía totalitaria: la distinción absoluta entre el Creador y la creatura. Sin esta distinción, el hombre no tiene defensa contra el poder, porque si no hay un Dios trascendente sobre el hombre y el estado, el hombre fuerte o el estado se convierte en dios sobre la tierra.

I. Dos Niveles de Existencia

Para entender la realidad y evitar la locura intelectual del paganismo, debemos rechazar la idea de una "Cadena del Ser" donde Dios es simplemente el eslabón más alto en una escala evolutiva. La Santa Escritura nos presenta dos niveles de existencia que no se mezclan, no se confunden y no evolucionan el uno en el otro:

  1. El Ser Increado (Dios): Dios es auto-existente (aseidad). Él no deriva su vida, su ley, su poder ni su lógica de nada externo a Él. Él es infinito, eterno e inmutable. Él no está sujeto al tiempo ni al espacio, ni es contenido por ellos; Él es el autor soberano del tiempo y del espacio. Dios no "descubre" la verdad; Él es la Verdad. Sus pensamientos son creativos; pensar para Dios es hacer que las cosas sean.

  2. El Ser Creado (El Universo y el Hombre): Todo lo que no es Dios es creación. La creación es derivada, finita, temporal y dependiente instante tras instante del poder sustentador de Dios. La creación no tiene significado en sí misma (no hay hechos brutos), sino solo el significado que el Creador le ha asignado soberanamente. El hombre no puede definir su propia naturaleza; solo puede recibir su definición de Dios.

No existe un "tercer elemento" que conecte a Dios y al hombre, ni un entorno común que los contenga a ambos. No hay una "Razón" neutral, una "Lógica" independiente ni una "Justicia" abstracta que exista por encima de ambos como un estándar común y universal al cual Dios mismo deba someterse junto al hombre. Dios es la fuente de toda razón y justicia. El intento del hombre de encontrar un punto de encuentro neutral es un intento arrogante de arrastrar a Dios al nivel de la creación, para poder juzgarlo y convertirlo en un ídolo manejable.

II. La Búsqueda de Autonomía

La esencia de la Caída en el Edén fue una rebelión ontológica y ética radical. Cuando la serpiente prometió: "seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal" (Gén. 3:5), estaba ofreciendo al hombre la posibilidad de borrar la distinción Creador/creatura y asumir prerrogativas divinas.

"Saber" aquí (en el sentido hebreo de determinar) no significa meramente tener experiencia o información cognitiva; significa determinar creativa y legislativamente por uno mismo lo que constituye el bien y el mal. Adán y Eva, incitados por Satanás, quisieron convertirse en la fuente última de la ley y el significado. Quisieron establecerse como jueces supremos sobre la Palabra de Dios, evaluando si lo que Dios dijo era verdadero o útil para sus propios fines. El hombre pecador es, por definición, aquél que declara: "Yo soy mi propio legislador; mi mente es el juez final de la verdad y mi deseo es la norma de mi conducta".

Esta autonomía es la muerte del hombre. Al tratar de ser Dios, el hombre pierde su verdadera humanidad, pues el hombre solo puede ser verdaderamente humano bajo la autoridad y el pacto de Dios. La autonomía conduce inevitablemente al caos, porque cada hombre se convierte en una ley para sí mismo (anomía), o a la tiranía, donde un hombre fuerte o un grupo de élite impone su ley autónoma sobre los demás para evitar el colapso social.

III. La Imposibilidad de la Neutralidad Intelectual

Si la distinción Creador/creatura es real, entonces la neutralidad es un mito peligroso. No existen "hechos brutos", hechos sin interpretación previa, esperando ahí fuera a que el hombre les dé sentido mediante su razón autónoma.

Una roca no es simplemente una masa física que existe por azar; es una roca creada por Dios, sostenida por Su providencia y definida exhaustivamente por Su propósito eterno. Su composición, ubicación y función son decretos de Dios hechos materia. La historia no es una serie de eventos al azar o el producto de fuerzas impersonales; es el despliegue del decreto de Dios en el tiempo.

Por lo tanto, la educación que pretende ser "neutral" o "secular" es, de hecho, una educación religiosa activamente anti-cristiana. Al enseñar biología, historia, economía o matemáticas sin referencia al Dios trino, se está enseñando implícitamente que esos hechos pueden existir, ser verdaderos y tener sentido sin Dios. Esto es un robo intelectual y una falsificación de la realidad. Como cristianos, afirmamos que "el temor de Jehová es el principio de la sabiduría" (Proverbios 1:7). Pensar verdaderamente es pensar los pensamientos de Dios después de Él (analógicamente), no pensar creativamente (como si fuéramos dioses originales).

IV. El Estado contra Dios

La distinción Creador/creatura es la única defensa intelectual y práctica segura contra el totalitarismo y contra el estado. En los sistemas paganos y humanistas, donde no hay un Dios trascendente y absoluto, el poder absoluto debe residir necesariamente en algún lugar dentro de la creación. Invariablemente, en la era moderna, este poder absoluto recae en el estado.

Cuando se niega al Dios de la Biblia, se diviniza diviniza a la creatura asumiendo los atributos de Dios, constituyendo a lo que la Escritura llama ídolo. En nuestra época, el hombre ha erigido un ídolo al que han llamado estado. El estado se ha convertido así, en la fuente última de la ley (positivismo legal), el proveedor de la providencia (el estado de bienestar que sustituye a la caridad cristiana) y el salvador de la humanidad. Vemos estos atributos divinos claramente atribuidos al estado, que reclama soberanía sobre la educación de los hijos (moldeando sus almas), la propiedad privada (a través de impuestos confiscatorios que asumen que el estado es el verdadero dueño de la tierra) y la moralidad pública.

El Reconstruccionismo Cristiano declara desafiante que el estado es una ídolo hecho por la creatura, no el Creador.

El cristianismo tiene una visión teísta del gobierno. Todo gobierno humano es derivado, debiendo estar sometido al Creador y a Su ley. Por lo que, primero, ninguna agencia humana de gobierno puede crear ley. Todo gobierno humano es un administrador de la ley del Creador.

Segundo, toda reclamación del estado, ya sea la de dominio eminente, como la de soberanía, es un acto de rebelión contra el Dios soberano y dueño de la tierra (Sal. 24). La declaración bíblica es absoluta: "de Jehová es la tierra y su plenitud". El octavo mandamiento ("No hurtarás") protege la propiedad de las personas contra la depredación estatal. El único que puede exigir dominio sobre las personas es el Dios Trino Creador de los cielos y la tierra.

Tercero, el estado al ser un ídolo, debe ser desmantelado y reemplazado por el humilde gobierno civil que se describe en las Escrituras: un servidor (diácono) del Señor, que castiga al que hace lo malo según la ley y pacto de su soberano: el Dios Trino.

Si mantenemos clara la distinción, el estado se reduce a un ídolo, y su función es reemplazada por un siervo del Señor, ejerciendo una función legítima y limitada: ser un ministro de justicia bajo Dios (Rom. 13), castigando a los criminales y protegiendo a los justos según la ley bíblica. Si borramos la distinción, el Estado se mantendrá como el Moloc moderno que es, un ídolo insaciable que devora a nuestros hijos y exige adoración total a cambio de una falsa seguridad.

El Camino a la Reconstrucción

La restauración de nuestra sociedad y cultura no vendrá por cambios políticos (ya sea de la derecha o de la izquierda), sino que comienza con la restauración de esta distinción fundamental en nuestros corazones y mentes. Debemos arrepentirnos de nuestro pecado original de autonomía; debemos dejar de intentar juzgar a Dios ante el tribunal de nuestra razón humana caída. Debemos, en cambio, someter nuestra razón, nuestras leyes, nuestras familias y nuestras instituciones a la revelación infalible del Creador.

Solo cuando reconocemos que Dios es Dios y nosotros somos sus creaturas y sus siervos, podremos ejercer el verdadero dominio bajo Su pacto. La verdadera libertad no es la ausencia de ley (anomia) ni la sumisión a la ley arbitraria del hombre (tiranía humanista), sino la libertad bajo la ley de Dios, la sumisión a la Ley del Creador, quien nos diseñó y sabe mejor que nadie cómo debe funcionar Su mundo para Su gloria y para nuestro bien y el de nuestro prójimo.

Nuestra misión es derribar los ídolos del humanismo en la educación, la política y la ciencia, y exaltar al Señor Jesucristo, en quien habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y a través de quien la creatura es reconciliada con el Creador para servirle en santidad y justicia todos los días.