Taciano y el Estado

¿Cómo puede el estado dar derechos al hombre, si el hombre no fue creado por el estado, sino que el hombre creó al estado?

Youseff Derikha

5/3/20262 min read

“Nosotros somos superiores al Destino, y en lugar de demonios ambulantes, hemos aprendido a conocer a un Señor que no deambula y puesto que no seguimos la guía del Destino, rechazamos a sus legisladores.

Y, ¿cómo es que a Cronos, a quien se encadenó y expulsó de su reino, se le constituye gerente del destino? Y ¿cómo, también, dar reinos quien ya no reina por sí mismo?” ~Taciano, Discurso a los Griegos

Ninguna cosa dependiente, mutable, vencible y moralmente corruptible puede constituirse legítimamente como señor del orden, fuente de ley o dispensadora última de justicia.

Taciano ridiculiza la idea de que Cronos, un dios vencido, encadenado y expulsado de su reino, pueda administrar el Destino. La contradicción es brutal: ¿cómo puede gobernar el destino quien ni siquiera gobierna su propio trono?

Y, ¿cómo es que el estado, criatura de hombres mortales, se constituye en dispensador del derecho? ¿Cómo puede definir la justicia aquello que diariamente necesita violar el mandamiento de Dios para sostenerse? ¿Cómo puede proteger la vida aquello que se reserva el monopolio de matar? ¿Cómo puede custodiar la familia aquello que reclama para sí los hijos y su educación? ¿Cómo puede ordenar la economía aquello que no produce riqueza, sino que la roba, la destruye, la redistribuye y la consume?

Y, ¿cómo puede dar libertad quien exige obediencia antes que verdad? ¿Cómo puede conceder derechos quien no creó al hombre a imagen de Dios, sino que es una creación del hombre caído? ¿Cómo puede prometer seguridad quien vive de fabricar amenazas y de la guerra? ¿Cómo puede ser llamado soberano aquello que es creación del hombre, que se endeuda, que se corrompe, se contradice y que finalmente, como todo ídolo, caerá?

Si Cronos no podía administrar el Destino porque había sido vencido, tampoco el estado puede administrar la justicia, la vida, la propiedad, la familia ni la historia, porque él mismo está bajo juicio como ídolo. Solo Cristo es Señor; el estado, que pretende ocupar su trono, no es autoridad: es idolatría organizada.